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Todo por la calidad del barrio

De FUNDACION ICBC | Biblioteca Virtual

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Félix Peña, La Nación, Suplemento de Comercio Exterior, 22 de mayo de 2012

La distinción entre "nosotros" y "ellos" es de la esencia de un proceso de integración entre naciones vecinas. Más aún si optaron voluntariamente por desarrollarlo a través de alguna de las variantes de unión aduanera que tolera el sistema GATT-OMC. Que es por cierto bastante ambiguo en su definición de lo que caracteriza tal instrumento.

Es una distinción que se refleja en la garantía de preferencias para el comercio de bienes que eventualmente y con el tiempo puede extenderse a servicios, mano de obra, compras gubernamentales, propiedad intelectual, inversiones, marcos regulatorios. La UE lo ha hecho. Incluso ha avanzado hacia una unión monetaria entre algunos de sus países miembros, la que está hoy en crisis. Pero como señala el Financial Times del 9 de mayo, el "mercado único" europeo dista de estar completo. Quizá nunca lo esté. Los de integración no son procesos que sigan definiciones de libro de texto ni de otras experiencias históricas. Son incompletos, imperfectos, en continua adaptación a nuevas realidades.

Pero es difícil que los países que se asocian toleren que uno de los miembros diluya las preferencias otorgadas entre sí a través de acuerdos con otros países. En el caso del Mercosur, por ejemplo, los socios se han comprometido explícitamente a negociar juntos preferencias arancelarias con terceros países. En su libro sobre las negociaciones bilaterales de libre comercio con los Estados Unidos que intentaron llevar adelante los gobiernos uruguayos, de Jorge Batlle primero y luego de Tabaré Vázquez, Roberto Porzecanski ("No voy en tren. Uruguay y las perspectivas de un TLC con los Estados Unidos -2000-2010", Montevideo 2010) cita la reacción que tuviera el entonces canciller del Brasil en una entrevista en el El País de Montevideo del 12 de enero de 2006. Dijo el embajador Celso Amorim: "Sería imposible que un socio del Mercosur negocie individualmente acuerdos comerciales, a menos que pretenda dejar el bloque, decisión sobre la cual no fuimos informados". No fue éste el único caso en la corta historia del Mercosur.

El "nosotros" y "ellos" cala hondo en las razones profundas que llevan a naciones vecinas a trabajar juntas en el desarrollo de la idea de integración. Incluye por cierto lo comercial y más aún lo económico. Pero penetra a fondo en las razones políticas y estratégicas que han conducido, tanto en Europa como en el Mercosur, a privilegiar la lógica del trabajo conjunto y cooperativo -preservando identidades y soberanías nacionales- por sobre la de la fragmentación y la divergencia sistémica. No excluye conflictos. Pero implica un pacto para domesticarlos.

Son razones que están presentes en el debate sobre el futuro de la UE. Lo que está en juego es saber si mantendrán esa distinción entre nosotros y ellos. Por la historia larga saben cuáles son los costos de abandonar la idea del trabajo conjunto y cuán fácil es despertar viejos fantasmas aún cuando hubieran sido enterrados hace más de cincuenta años.

Pero también se observan en los debates sobre el futuro del Mercosur. Aún cuando pueda tener razón el presidente Mujica al afirmar que "está rengo y a la miseria", él mismo ha señalado que es preferible convivir con sus imperfecciones -tratando, por cierto, de ir superándolas en una continua metamorfosis- que confrontar la opción de su fracaso. Al más alto nivel político en los países miembros siempre se ha tenido claro que no hay "plan B" razonable. Que el fracaso de este emprendimiento conjunto o su retroceso a fórmulas que implicarían renegociar todo de nuevo, tal el caso de una zona de libre comercio, reabriría eventualmente el camino hacia un barrio de inferior calidad. Podría poner en juego todo lo que se ha avanzado en un cuarto de siglo en campos sensibles de las relaciones entre algunos de sus países miembros, tal el caso de la cuestión nuclear.

De allí que no sea fácil de entender la lógica de la propuesta que según la prensa española el canciller García-Margallo intentaba llevar adelante. Concretamente era la idea de que la UE excluya a la Argentina de las negociaciones birregionales iniciadas hace más de diez años. O que eventualmente concluya un acuerdo bilateral con el Brasil. ¿Fue sólo un globo de ensayo? ¿Fue producto de un conocimiento poco profundo de la realidad sudamericana? ¿Fue no conocer la definición que el propio Amorim diera, cuando era canciller, de lo que significaba el Mercosur para el Brasil? Dijo en Davos en 2008, ante una pregunta de sus colegas de otros países: "Para nosotros el Mercosur es sinónimo de paz y estabilidad política en América del Sur".

Tanto en la UE como en el Mercosur hay algo que en general se comprende bien al más alto nivel político -pero también por la ciudadanía-: con la calidad del barrio, no se juega. Es quizá la reflexión más profunda que motiva esa iniciativa del canciller de España.


DICHOS

Antes de la visita que hizo a Brasil la semana última, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, anunció que propondría a las autoridades del vecino país la posibilidad de seguir negociando un acuerdo de asociación entre la UE y el Mercosur sin la Argentina a raíz del caso YPF. "Para alcanzar un acuerdo de asociación hay que cumplir las reglas del juego. Y es evidente que en este momento la Argentina no parece cumplirlas", dijo. El canciller de Brasil, Antonio Patriota, aseguró al día siguiente a su par argentino, Héctor Timerman, que pensar en una negociación comercial entre la UE y el Mercosur sin la Argentina "es inconcebible". .

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