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Lucio Castro."Hace falta una visión integral de la logística"

De FUNDACION ICBC | Biblioteca Virtual

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La Nación, Suplemento de Comercio Exterior, 25 de agosto de 2015

Por Florencia Carbone y Emiliano Galli

Lucio Castro no tiene dudas: "La gente no tiene una obsesión con el dólar, tiene un problema con el peso". Doctor en Economía y director del área de Desarrollo Económico del Cippec, insiste en que la idea de que la relación de los argentinos con la moneda norteamericana es "un problema cultural", es errar el diagnóstico y no entender lo que pasó en la macroeconomía del país. "El problema con el peso es que cada vez se desvaloriza más, no es un refugio de valor para las personas y eso está muy vinculado con la política inflacionaria del Gobierno en los últimos años. En un año electoral lo que hay es una política de un fuerte aumento del gasto, financiado fundamentalmente con transferencias del Banco Central al Tesoro y en parte con las ganancias de la Anses que explica básicamente el deterioro del peso. Además, hay expectativas importantes respecto de la creencia que tiene la gente sobre el mantenimiento del valor del peso en el corto plazo. Es un escenario muy incierto sobre quién finalmente puede ser el presidente en diciembre."

¿Cuántos años de estabilidad se necesitarían para creer en nuestra propia moneda?

-Si mirás la historia reciente, después de la salida de la convertibilidad, entre 2003 y 2007 hubo una recuperación del peso, de los depósitos en pesos, apareció el SER como instrumento de indexación frente a la inflación y un cierto revivir del mercado financiero local. No es un tema cultural, tiene que ver con un contexto de estabilidad económica y de generar credibilidad con respecto a la política económica. En 2007, la intervención del Indec fue la señal de que no había vuelta atrás en términos de esta política inflacionaria y de fuerte expansión del gasto público. No es una cuestión sociológica, tiene que ver justamente con la política económica. Un próximo gobierno con una política de reducción gradual de la inflación, más creíble desde el punto de vista del manejo del Banco Central, de la política monetaria y cambiaria podría generar nuevamente una nueva confianza de los argentinos en el peso y en los instrumentos denominados en pesos.

¿Cuál es tu percepción del momento actual de la economía?

-Cuando mirás la coyuntura argentina, que está muy marcada por el dólar, por las cuestiones del financiamiento, el cepo y todo lo demás, y uno lo pone en perspectiva histórica, si bien hay desequilibrios económicos muy importantes vinculados sobre todo con el desequilibrio fiscal, no son desequilibrios críticos como los que vivimos en 1989 o en 2001. Ésta probablemente sea la transición de un gobierno a otro con una situación económica menos traumática de los últimos 30 años y esto ya de por sí es un dato muy relevante.

Si la transición no será tan mala, ¿está fuera de debate lo de continuidad o cambio, o de todas formas hay cuestiones que el próximo gobierno tendrá que cambiar?

-No es tan malo comparado en términos históricos con dos grandes crisis recientes, pero la Argentina tiene un desequilibrio que de alguna manera tiene que resolver, un nivel de inflación muy elevado, déficit fiscal que básicamente se financia con transferencia del Banco Central al Tesoro, una situación de la balanza externa muy compleja con grandes restricciones como el cepo cambiario, y una situación totalmente anómala, que es un país que se financia al 10% en dólares anual cuando el resto de la región lo hace al 4%, a 30 años. Todas éstas son deudas pendientes con las que el próximo gobierno tendrá que hacer algo. Esta idea de que hay sólo dos alternativas para resolver estos problemas -shock o gradualismo- no es cierta. Hay una alternativa que es el continuismo, que es difícil de mantener mucho más tiempo. Por los desequilibrios que tiene la Argentina eso generaría más recesión, menos creación de empleo, más aumento de la inflación. Y la política de shock generaría un escenario igual o peor: devaluación, suba tarifaria, ajuste fiscal muy virulento, causaría más inflación en el corto plazo y probablemente recesión, una contracción económica importante.

Hay un tercer camino entre estos dos extremos que es un escenario más gradual y prudente, que pone en perspectiva los desequilibrios que hay en la Argentina que son importantes pero no inmanejables. Otros países en el mundo y en la región, con liderazgo político y un equipo económico solvente y competente salieron de situaciones similares. Nosotros podemos hacerlo evitando los extremos: el de no hacer nada y el de sobreactuar los problemas que tiene el país.

¿Es tarea de un gobierno decir en qué sectores podemos ser realmente competitivos, apostar a eso y ayudar a reconvertir al resto?

-Esta visión de que hay que apuntar a determinados campeones nacionales, atrasa 50 años. Hoy la política de desarrollo productivo es mucho más compleja. Ricardo Hausmann -con quien trabajé cuando estuve en Harvard- siempre habla de que no hay que pensar sólo en esta idea de eslabonamientos hacia adelante y hacia atrás. Siempre pensamos en cuánto valor le agregamos a la producción agropecuaria, en cómo creamos los insumos domésticos en el país. El dice hay que mirar hacia los costados. Por ejemplo, si desarrollás capacidades en un sector vinculado con la metalmecánica o la maquinaria agrícola, generás capacidades en software. Cuando vas a Córdoba hay un cluster de empresas de software y hardware vinculados con el sector agropecuario que producen software para las cosechadoras. Eso es el desarrollo hacia el costado. Lo que tiene que tratar de generar el Estado es una estructura que ayude al sector privado a resolver los cuellos de botella, los problemas de coordinación, a que aparezcan las fallas de descubrimiento que son las que generan que haya menos innovadores y empresas productivas. Pero éstas son políticas que requieren un Estado mucho más desarrollado y complejo que el que tenemos ahora. Hoy la Argentina tiene una paradoja: el Estado en términos de gasto público en porcentaje del producto más alto de la historia -casi del tamaño de un Estado nórdico-, pero que no puede evitar accidentes en los ferrocarriles, problemas en el sistema de red vial, que el sistema de telecomunicaciones funcione en forma adecuada, que no puede hacer que la mitad de la población Argentina tenga cloacas o agua potable en su domicilio.

¿Es la logística una variable para recuperar algo de competitividad perdida para la matriz exportadora argentina o tenemos que concentrarnos más en la macroeconomía -el tipo de cambio- o en los acuerdos internacionales para facilitar el acceso a más mercados?

-De vuelta esa idea de las visiones facilistas: un ajuste del tipo de cambio y los problemas de la Argentina se solucionan. Según un cálculo que hicimos con José Barbero, en los próximos 10 años la Argentina probablemente aumente sus exportaciones en toneladas entre 25 y 50%. Hoy hay un problema de concentración de la carga en un lugar: los puertos de Rosario y Paraná medio. El 70% de las exportaciones argentinas son por ahí, y cuando ves las carreteras que te llevan allí -que son cinco-, concentran la mitad de toda la carga exportadora del país. Si a eso le sumás entre 25 y 50% más de exportaciones, el problema de congestión será inmanejable. En la última década los costos logísticos aumentaron 40% ajustados por la inflación. La cola de camiones aumenta 10 kilómetros todos los años en la entrada a Rosario en la época de la cosecha. Tendremos cada vez más congestión y eso significa menos competitividad. Además, tiene implicancias desde el punto de vista de la equidad. ¿Cuál es hoy la región que tiene los peores niveles pobreza y desigualdad después del Gran Buenos Aires? El norte argentino. Es la zona más es afectada por los problemas que tenemos en la logística, por caso con el Belgrano Cargas.

La carga en el norte argentino en promedio está a 1000 kilómetros del puerto. En el resto del país en promedio está entre 200 y 300 km. Si hay un lugar donde la logística puede cambiar la economía y la vida de las personas es en el Norte, pero falta una visión integral de qué hacer desde la logística. Estamos muy atados a estas visiones Boca-River, la red ferroviaria versus la red vial. Los países piensan la logística en forma integral, estrategias multimodales basadas en una visión de cuáles podrían ser las demandas en el mediano plazo. Acá si hay un problema estratégico desde el punto de vista económico es el que está vinculado con la logística. Cuando hablás con los productores agropecuarios la pregunta que se hacen es cómo vamos a sacar más de 100 millones de toneladas si tenemos problemas ahora.

La otra cuestión es que para poder diversificar tu patrón exportador y productivo requerís una logística mucho más sofisticada que la que tiene hoy la Argentina, necesitás una estrategia.

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